
Hay platos que empiezan a disfrutarse antes del primer bocado. En el brillo de una piel dorada, en el aroma que llega a la mesa, en la expectación de quienes saben que están a punto de compartir algo especial. Nuestro pato laqueado estilo Pekín pertenece a esa categoría: una de las grandes joyas de la cocina de Tse Yang y una invitación a descubrir cuánto puede contar una receta cuando se prepara con paciencia.
Este 2026, Tse Yang celebra treinta años de trayectoria en Madrid. Desde su apertura en 1996, el restaurante ha construido su identidad alrededor de la alta cocina cantonesa, el cuidado del producto y un servicio atento. Tres décadas después, el pato continúa siendo uno de sus grandes emblemas.
La paciencia como ingrediente
Detrás de ese aspecto irresistible hay un trabajo que comienza mucho antes de que el comensal tome asiento. La elaboración del pato exige días de preparación, con un proceso cuidadoso de marinado y asado. Cada etapa contribuye a conseguir el contraste que define esta especialidad: una piel fina y crujiente que envuelve una carne tierna, sabrosa y jugosa.
La materia prima también tiene un papel esencial. Actualmente, Tse Yang elabora este plato con pato irlandés Silver Hill Duck, destacado por la excelente calidad de su carne. El resultado se completa con un laqueado minucioso y el control del horneado, dos momentos decisivos para alcanzar ese dorado que despierta el apetito incluso antes de probarlo.
Ese cuidado se percibe en el equilibrio de cada bocado. La piel aporta intensidad y textura; la carne conserva su suavidad. La técnica encuentra su sentido cuando ambos elementos llegan juntos al paladar y permiten reconocer el trabajo que hay detrás, sin necesidad de explicaciones.
Un ritual que continúa en la mesa
La llegada del pato marca uno de los momentos más esperados de la comida. El trinchado ante el comensal prolonga la preparación en la sala y permite apreciar la destreza de un equipo que conoce el valor de cada corte.
Después llegan los crepes de trigo, la cebolleta, el pepino en juliana y la salsa hoisin. Cada ingrediente tiene su lugar: la frescura de las verduras acompaña la intensidad del pato, mientras el crepe reúne sabores y texturas en un bocado que invita a repetir. La experiencia permite disfrutar tanto de la receta como del gesto de compartirla.
Alrededor de ese servicio, la conversación encuentra su propio ritmo. Se observa, se prueba, se comenta. Hay quien se detiene en el crujiente de la piel y quien prefiere saborear despacio la combinación completa. Compartir el pato deja espacio para esas pequeñas preferencias que hacen personal una experiencia gastronómica.
Una mesa para descubrir Tse Yang
Aunque el pato sea el protagonista, nuestra cocina ofrece muchos caminos para acompañarlo. Los dim sum de pato con foie, de boletus o de shiitake, pollo y trufa blanca permiten comenzar con bocados de sabores distintos. Las vieiras al jengibre fresco, las verduras al wok y las propuestas de arroces y tallarines completan un recorrido que puede adaptarse al apetito y a la ocasión.
En la calle del Marqués de Villamagna, junto al Paseo de la Castellana, los salones y el jardín forman parte de esa invitación a disfrutar con calma. El pato puede pedirse medio, entero o en tres servicios.
Treinta años después, seguimos encontrando motivos para cuidar esta receta con la misma atención. Porque una celebración también se construye con detalles: el punto del asado, la precisión del corte y el instante en que llega a la mesa un plato esperado.
Te invitamos a descubrir uno de nuestros mayores tesoros. A sentir su crujiente piel, disfrutar sus matices y compartir una tradición que sigue escribiendo su historia en cada mesa de Tse Yang.